sábado, 16 de febrero de 2008

De política y riqueza

Desde el punto de vista de Leonel Fernández el único debate que él puede desarrollar con su oponente Miguel Vargas Maldonado es una exposición pública de riquezas.
Se trata de una intención de competencia muy extraña, porque el vencedor no sería quien muestre más fortuna y solvencia, sino aquél que posea menos bienes materiales. En la lógica de los posibles contendientes se infiere que más caudal equivale a menos vergüenza.
De entrada, el presidente candidato cree que ganaría la justa, pues públicamente no es rico, diferente a su contrincante, un hombre forrado que, bien o mal habida su hacienda, tendría que pasarse lo que resta de campaña explicando el origen de cada centavo, en caso de aceptar un careo.
Y es justamente ahí donde reside la trampa. Fernández entiende que saca más ventaja al adversario tratando de convertir su patrimonio en un oprobio que ofreciéndole la oportunidad del debate sobre el ejercicio de gobierno.
En ese contexto, carece de valor el argumento del presidente de la República en el sentido de que corre el riesgo de asumir un papel de abusador si acepta una confrontación en el plano de las ideas con Vargas Maldonado.
De por sí el abuso está planteado al tratar el gobernante de propiciar una pelea desigual. No es lo mismo organizar un media tour para presentar una fastuosa mansión, que hacerlo con el objetivo de mostrar anaqueles enciclopédicos en una fundación. Atesorar conocimiento es un ejercicio libre de sospecha, aunque el pecado esté expuesto a la franca.
Quizás a Vargas Maldonado le faltó preconcebir su proyecto presidencial en forma más estratégica: siendo menos rico públicamente –que es una evidente reducción de riesgo en la política vernácula- y vendiendo una hoja de servicio más extensa a favor de la sociedad.
Parece que hay una lección para la nueva generación de políticos, en una industria “made in RD” que tiene sus propios códigos. Nadie puede ser exitoso en su intención de alcanzar el poder si sólo cuenta con el cuerpo y las dos bandas o si anda con las patas por el suelo.
Hay que tener bolsillos bien profundos, pero tratar de que los fondos sean movidos por otras manos. Un político con los puños llenos de cuartos es una vaina, un proyecto casi siempre fallido. Balaguer no tenía un chele encima, vivía en un patio y su éxito fue indudable.

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